Viernes 17 Noviembre 2017,
Vivo En Chetumal

Crónica Chetumaleña : Parques citadinos de ayer

Crónica Chetumaleña : Parques citadinos de ayer

Han transcurrido 118 años de la fundación de la antigua Payo Obispo hoy Ciudad Chetumal, renglón histórico que aprovechamos para recordar la plausible acción de nuestro fundador, quien demostró preocupación y logró convencer, a todos aquellos descendientes de mexicanos exiliados ante el estallido de la Guerra Social Maya en 1847, por retornar a la matria; propiciando el nacimiento de una nueva población, que pronto se convertiría en ciudad, después capital del territorio federal en junio de 1915 y a partir del 12 de enero de 1975, sede de los poderes constitucionales de la novel entidad soberana, al promulgarse la constitución.

Conmemorar esta efeméride, nos transporta a través del recuerdo a los años de nuestra niñez y juventud, sobre todo entre quienes tuvimos la oportunidad de contemplar cómo fue convirtiéndose en una elegante y moderna ciudad, donde la arquitectura de madera y las primeras construcciones de mampostería estilo “art decó”, que surgen durante el gobierno del Gral. Rafael E. Melgar y los posteriores a éste, contrastaba en armonía.

Pero también la nostalgia se hace presente, cuando hacemos un recuento sobre todo lo que Chetumal lució y representaba parte de su riqueza arquitectónica y cultural, a pesar de ser una joven ciudad. Como lo fueron aquellos parques o plazas públicas, contiguos al “Parque Hidalgo”.

El Gral. Rafael E. Melgar, tuvo la visión de construir un parque público enfrente del nuevo edificio del Palacio de Gobierno, en forma simultánea con el malecón que partiría desde el muelle fiscal hasta la “Explanada de la Bandera”. Las construcciones de madera y láminas de zinc, que albergaron a los astilleros, taller mecánico, hospital militar y la planta desalinizadora de agua de la “Flotilla del Sur”, cedieron su espacio para el relleno del terreno y levantarlo.

A principios de diciembre de 1940, el primer piso del Palacio de Gobierno estaba concluido, engalanado en su frente por el “Parque del Malecón”, en el cual se instaló una cancha de baloncesto y pistas para patinaje. Mientras que al oriente del “Parque Hidalgo”, el malecón construido en el gobierno del Dr. y Gral. José Siurob Ramírez, años antes el gobierno melgarista, lo había ampliado para colocar callecillas en su interior, jardinería, columpios, toboganes, volantines y una efigie de Venustiano Carranza; nombre oficial del parque infantil, pero que hasta la presente fecha lo recordamos como “Rébsamen”.

La designación del Gral. Gabriel Guevara Orihuela a mediados de diciembre de 1940, ocasiona la transformación del “Parque del Malecón”; en los primeros meses de 1941, las canchas de basquetbol y patinaje, son demolidas para crear andadores a través de toda el ágora. Manda a construir el “Monumento a la Madre”, reubicando al centro el de Venustiano Carranza y erige uno en honor a los maestros. Le cambia el nombre por el de “Plaza de la República”, nominativo que mantuvo hasta la llegada de Margarito Ramírez Miranda, quien lo nombra “Revolución, regresando la estatua de Venustiano Carranza al parque infantil, para colocar en su lugar el de Álvaro Obregón.

Correspondería a Aarón Merino Fernández, reedificar la ciudad después del huracán “Janet”; aunque respeta la jerarquía y trazo original de los parques, transforma su fisonomía. Coloca modernas bancas y mosaicos de color blanco y negro, en todos los parques incluyendo el “Hidalgo”. Sin embargo, la capital siguió contando con esa hermosa imagen provincial y porteña, que con esmero y sorteando los mínimos implementos, el Gral. Melgar llevó a cabo en la ciudad.

En 1967, los chetumaleños integraron el “Comité Pro Monumento al Vicealmirante Othón P. Blanco”, ante la proximidad de cumplir la capital 70 años de haber sido fundada; estimulando a los habitantes para realizar donativos, con la intención de erigir una efigie en memoria a nuestro fundador. Así, entre las arterias 22 de Enero y Esmeralda, con el apoyo del Gobernador del Territorio, Lic. Javier Rojo Gómez, el 31 de mayo de 1968 fue colocada la efigie, resaltando en una placa debajo de su busto de bronce lo siguiente: “Monumento del insigne marino Don Othón P. Blanco, fundador de esta ciudad y quien afirmó los derechos de México en este territorio en recuerdo a su memoria inaugurado el 31 de mayo de 1968, siendo presidente de la República el Lic. Gustavo Díaz Ordaz. 1898-1968”. A este pequeño parque o jardín, le denominaron “Othón P. Blanco”.

En los primeros años del autogobierno, Jesús Martínez Ross, primer Gobernador Constitucional, respeta la originalidad de esos espacios públicos ya enraizados entre los capitalinos. Inclusive el 24 de noviembre de 1977, devela el monumento actual a nuestro fundador, ampliando la plaza donde el anterior fue colocado. Era la antesala, para celebrar al año siguiente, 80 años de la fundación de la capital.

Desafortunadamente en el gobierno de Pedro Joaquín Coldwell, sucumbieron todos esos parques incluyendo la imponente “Explanada de la Bandera”; espacios públicos que constituían la esencia de la antigua Payo Obispo y la moderna Ciudad Chetumal; borrando en un instante, la identidad y costumbrismo que el tiempo fue cincelando, gracias a la aportación de quienes en su inicio la habitaron y gobernaron. A meses de iniciar la segunda administración del joven gobernante, empieza la mayor de todas devastaciones que nos ha dolido a los chetumaleños; la maquinaria avanzaba, reduciendo a escombros aquellos históricos parques; lugares que hasta antes de ser demolidos, reflejaban nuestra identidad, fomentaron la expresión cultural, política y social, el sano esparcimiento y el civismo. En ellos transcurrió nuestra vida cotidiana y quedó encapsulada gran parte de la memoria histórica de Quintana Roo.

La intención era unir todos los parques, para crear la “Monumental Plaza de la Bandera”, truncando el transitar no sólo de la Calle 22 de Enero, sino también de la Avenida de los Héroes, la 5 de Mayo y la Juárez. El hermoso malecón cae, para ganar terreno a la bahía y ampliar el Boulevard Bahía. No existió la voluntad de construir lo nuevo, sin atropellar lo viejo.

Lamentable e innecesario resultó ese cambio tan drástico en la ciudad, al no preservar el Chetumal de ayer del cual sólo existen recuerdos en fotografías, el progreso material y la errónea idea de modernizar, casi la deja sin testimonios del pasado y huérfana de patrimonio histórico, como huella en el tiempo, del avance y evolución de aquella pintoresca ciudad, surgida a la orilla de la rada hace 118 años. Borrando la historia tangible que certificaba el logro de gobernantes y habitantes de ayer, preocupados por su crecimiento y desarrollo armonioso. Quedará la interrogante, si en verdad esa obra logró su cometido, que era mejorar la imagen de la capital, para el disfrute de sus habitantes y en apoyo al desarrollo turístico y comercial.

Con información de : Ignacio A. Herrera Muñoz

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Acerca del Autor

Coordinador de Vivo En Chetumal en las Redes Sociales y de la Web . Autor de la sección de Crónica Chetumaleña. Chetumaleño, Geek, Cinéfilo, Gamer, Zombie Fan y de buen diente pa' comer.

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